Proyecto TARIFA2010

XIII Centenario de la primera incursión árabe a España (Tarifa, julio, 710)

 

LA INVASIÓN MUSULMANA POR AL-MAQQARI

 

Al-Maqqari (Tremecén, 1578-El Cairo, 1632) es el autor de Nafh al-tib, cuyo nombre completo es Exhalación del olor suave del ramo verde de Al-Andalus. Tiene un gran valor histórico, al basarse en numerosas crónicas anteriores, que detallan los sucesos ocurridos en Al-Andalus. Tiene como valor añadido que hace referencia a antiguas obras hoy desaparecidas. Es una historia imprescindible para conocer los primeros momentos de la conquista de España por los musulmanes.

             

Al-hijár, Ibnu Hayyán, y otros escritores, están de acuerdo en decir que el primer hombre que entró en Andalus con intenciones hostiles y proezas fue Taríf, el beréber, un liberto de Músa Ibn Nosseyr, el mismo que después dio su nombre a la Isla de Tarifa, situada en el Estrecho. Fue ayudado en la expedición por Ilyán el cristiano, señor de Ceuta, quien había concebido alguna animosidad hacia Roderico, rey de Andalus. El número de tropas empeñadas en esta primera expedición alcanzó sólo a un centenar de hombres a caballo y cuatrocientos de a pie. Cruzaron el Estrecho en cuatro barcos, desembarcaron en la orilla opuesta en el mes de ramadán del año 91 [3 de julio de 710 – 1 de agosto de 710], corrieron el país, y volvieron cargados de botín.

 

            Tan pronto fue Músa Ibn Nosseyr, el gobernador de África, informado del éxito de la expedición, la cual, como ya hemos dicho, tuvo lugar en el mes de ramadán del año 91, nombró a su liberto, Tárik Ibn Zeyád, a mandar otra expedición contra Andalus, y le envió en compañía de Ilyán, señor de Ceuta. Los desembarcos de Taríf y Tárik han sido diferentemente relatados, y nosotros tendremos muchas oportunidades para volver a este asunto, ahora procederemos a examinar las causas que son generalmente creídas haber dado lugar a la conquista.

 

            Ibn Hayyán dice: “Una de las principales causas de la conquista de Andalus fue el nombramiento de Músa Ibn Nosseyr para el gobierno de África y más remotas tierras; esto tuvo lugar en el año 68 de la Hégira [18 de julio de 687 – 5 de julio de 688] por el califa ‘Abdu-l-malek Ibn Merwán. Músa, cuyo padre Nosseyr, había sido esclavo liberado de ‘Abdu-l-‘azís, hermano del califa, dejó la corte de Damasco, seguido sólo por unos pocos voluntarios, y llegaron a Egipto; mientras allí reunió las tropas musulmanas, las que guarnecieron esa provincia, y marchó a tomar posesión de su gobierno.” [...]

 

            Ellos dicen que Tánger nunca había sido tomada por el enemigo antes de los días de Músa; y una vez en las manos de los musulmanes, quedó como una de sus ciudadelas más fuertes.

 

            El mismo historiador del que nosotros hemos tomado las precedentes particulares añade que Músa dirigió a continuación sus armas contra Ceuta, pero que tuvo una gran dificultad en ganar su posesión, debido a su señor, Ilyán el cristiano que era un hombre perspicaz y bravo.

 

        Cuando las naciones que habitaban las lóbregas planicies de África vieron que habían caído los beréberes de la costa y del interior, se apresuraron a pedir la paz y situarse bajo la obediencia de Músa, y solicitaron alistarse en las filas de su ejército. Músa prestó oídos favorables a sus peticiones, y les dio generales que le mandasen. También nombró a su liberto Tárik Ibn Zeyád, el beréber (aunque algunos autores le hacen de la tribu de Sadf), por gobernador de Tánger y de sus distritos cercanos, y colocó bajo sus órdenes a diecinueve mil beréberes, bien dotados con armas, y con las provisiones necesarias para ir a la guerra. En orden a instruir a los beréberes en los deberes de la religión verdadera, porque todos ellos se habían previamente convertidos al islam, y su conversión había sido sincera, Músa además dejó con ellos unos pocos árabes doctos y teólogos, para enseñar y explicarles las sagradas palabras del Corán, e instruirles en todo y cada uno de los deberes impuestos por la nueva religión.

 

            Cuando este arreglo fue hecho, Músa volvió a África, y cuando miró a su alrededor no vio más enemigos que atacar, no más naciones a las que someter, ya fuesen entre los beréberes o entre los griegos, —cuando percibió que las principales ciudades a lo largo de la costa habían sido tomadas—, escribió a su liberto Tárik, quien era gobernador de Tánger, y le ordenó que él mismo y sus tropas estuviesen listos para hacer una incursión en la costa opuesta de Andalus. Para cumplir con esta orden de su jefe, Tárik se embarcó desde el puerto de Tánger con doce mil de los nuevos conversos, y desembarcó al pie de la montaña la cual después tomó su nombre sobre el domingo, el quinto día de rejeb, del año 92 de la Hégira [28 de abril de 711].

 

        Hemos dicho que Músa en persona tomó las ciudades de Tánger y Ceuta; lo contrario aparece en la narración de Al-khozeyní y otros historiadores, quienes atribuyen la conquista a Tárik. Ellos dicen que, habiendo dado a este general el mando de una armada, la dirigió contra las naciones habitadas de la costa norte de África. Tárik marchó primero contra Tánger, la que tomó; entonces dirigió sus armas contra ciertos distritos que reconocían el dominio de los reyes de Andalus, y cuya capital era Ceuta, una ciudad fuertemente fortificada. Un jefe bárbaro, llamado Ilyán, regía en ella como soberano: era un hombre de gran resolución y valor; habiendo sido atacado en una ocasión anterior por Músa, no solamente resistió con bravura el ataque, sino que hizo una incursión a la cabeza de sus mejores tropas y obligó a que el general levantara el sitio. Músa entonces se retiró a Tánger, donde hizo frecuentes incursiones en el territorio de Ilyán, dejando devastado el país y destruido los campos, pensando que así les reduciría al hambre; pero esto también probó ser inútil, porque Ghittíshah [Witiza], quien entonces reinaba en Andalus, le envió refuerzos y les proveyó por medio de su flota con todo tipo de provisiones y material militar. Mientras Witiza ocupó el trono de Andalus, la guarnición de Ceuta se defendió ella misma con el más grande valor y perseverancia, y luchó valientemente para la preservación de sus familias y su libertad, y, debido a las disensiones civiles que pronto surgieron entre los godos, los musulmanes fueron capaces no sólo de reducir tal ciudad como todavía se reconoce su dominio en África, sino que empujó sus conquistas hasta el mismo corazón de Andalus. [...]

 

        Pero escuchemos las noticias de Abú Zeyd Ibn Khaldún, después de decir que Andalus era el país de los godos, y que su rey en ese tiempo se llamaba Roderico, se expresa en los siguientes términos: “Además de su reino en Andalus los godos se habían establecido más allá del mar, así que cuando Músa llegó a África ellos estaban en posesión de una gran extensión de tierra a lo largo de la costa norte. Al principo pudieron defenderse a causa de su posesión de Tánger, que era la llave del Estrecho, y debido también a la estrechez del mar que separa Andalus de África, que le permitían enviar refuerzos siempre que les era requerido, así como mantener estas ciudades en obediencia y defendela contra los árabes. Numerosas tribus que habitaban la costa estaban por tanto sometidas a ellos. En esa parte del país que es llamada ahora Jebál Ghomárah [las montañas de Gomara] había un rey de los beréberes llamado Ilyán, quien reconocía su sometimiento a los monarcas godos, obedecía su dominio, y seguía su religión. África era gobernada en ese tiempo por Músa Ibn Nosseyr, un lugarteniente del califa Al-walíd Ibn ‘Abd-l-malek, quien residía en Cairwán, entonces la capital de los gobernadores de África. Bajo este general el ejército musulmán sometió la mayor parte de África y llevó la guerra a la frontera del extremo occidental, después de lo cual penetraron en el distrito montañoso cerca de Tánger, y abrió un pasaje hasta que alcanzaron la boca del Estrecho, entonces el rey Ilyán incapaz de resistir sus ataques, se rindió, y se sometió al dominio del islam. Músa Ibn Nosseyr nombró entonces a su liberto Tárik Ibn Zeyád Al-lythí como gobernador de sus nuevas conquistas, así como el comandante de todas las tropas acampadas en estos distritos.” Así termina Ibnu Khaldún, cuyas noticias no difieren materialmente de los escritores prededentes.

 

        Hemos dicho que uno de las principales causas de la conquista de Andalus fue el nombramiento de Músa Ibn Nosseyr para el gobierno de África; la segunda fue la enemistad que surgió entre Ilyán y Roderico. Cada historiador que hemos consultado alude más o menos explícitamente a una cierta riña entre estos dos individuos, que condujo a la invasión de los árabes. [Viene la historia de La Cava]. [...] fue [Ilyán] a Tárik, le informó de su deseo de venganza, animándole a invadir Andalus, y ofreciéndose para conducir su ejército através del país enemigo. Tárik, que deseaba nada más que una ocasión para tratar la fortuna de las armas contra los reinos vecinos, aprovechó de inmediato el ofrecimiento de Ilyán, y, habiendo previamente obtenido permiso de su jefe, se preparó para la expedicion. Pero como las cosas entre Ilyán y Roderico, y la explicación dada por el primero al general árabe, son recontadas mas en largo por otros escritores, nosotros copiaremos de ellos lo que nosotros consideramos necesario para hacer nuestra historia agradale e instructiva. [Viene la historia de La Cava según Al-khozeyní].

 

        Tan pronto como Ilyán se encontró seguro en África fue a la ciudad de Cairwán, donde el gobernador árabe tenía entonces su corte, y por sus encendidas descripciones de la fertilidad, la riqueza, y la extensión de la isla de Andalus, representando a sus habitantes divididos y debilitados por divisiones internas, y debilitados por sus lujuriosos hábitos y un larga paz, convenció a Músa, como nosotros presentemente relataremos, a enviar con él algunas tropas bajo el mando de uno de sus libertos beréberes, que, con la rapidez del halcón saltó sobre su presa, sometiendo el conjunto del reino, y añadiendo nuevos y extensos dominios a los ya sometidos al dominio del islam.

 

        Algunos historiadores asignan una tercera causa a la conquista de Andalus; [Viene la narración de la casa cerrada de Toledo]. [...]

 

            Tan pronto como Ilyán, el señor de Ceuta, llegó seguro a sus dominios, fue a ver al amir Músa Ibn Nosseyr, y le propuso la conquista de Andalus, que describió como un país de gran excelencia y bendición; le dijo que era una tierra abundante en producciones de todas las especies, rica en grano de todo tipo, llena de agua famosa por su frescura y claridad; además procedió después a darle una imagen de sus habitantes, de los que afirmó estar debilitados por la larga paz y desprovistos de armas. Esta narración despertó la ambición del amir, quien, después de una madura deliberación por las proposiones que le hizo, llegó al siguiente acuerdo con Ilyán, que desertara de la causa que había estado defendiendo y pasara a los musulmanes, y que para probar su enemistad hacia sus propios compatriotas, que profesaban la misma religión que él, primero de todo haría una incursión en su país. Esto Ilyán puso de inmediato en ejecución, y, reuniendo algunas tropas en los distritos sometidos a su reino, se embarcó en dos barcos y desembarcó en la costa de Algeciras, donde corrió el territorio, y después de matar y hacer un número de cautivos él y sus compañeros volvieron salvos a África, cargado con botín, sobre el siguiente día.

 

        Tan pronto como las noticias de esta primera intervención, que tuvo lugar al final del año 90, fue conocida en África, muchos musulmanes se congregaron bajo las banderas de Ilyán y se le confiaron. En cuanto al amir Músa, escribió inmediatamente al califa Al-walíd, informándole de lo que Ilyán le había propuesto para emprender contra Andalus, y pidiéndole permiso para intentar la conquista, la contestación del califa fue dada en los siguientes términos: “El país tiene que ser primero explorado por tropas ligeras, correrlo y traer las noticias de lo que contiene; sé prudente, y no permitas que los musulmanes se pierdan en un océano de peligros y horrores.” A lo que Músa replicó: “No es un océano, sino solamente un canal, cuyas costas son cada una distinguibles con la mirada.” “No importa”, contestó Al-walíd; “aún así, explora primero el país.”

 

        En consecuencia Músa envió a un liberto suyo, un beréber, cuyo nombre era Taríf Abú Zar’ah, con cuatrocientos hombres a pie y cien a caballo, con instrucciones para hacer una incursión en Andalus. Taríf y su pequeño ejército embarcó en cuatro barcos y desembarcó en una isla situada en oposicion a otra isla cercana a Andalus, y conocida por el nombre de Jezírah Al-khadrá [la isla verde], donde los árabes de los presentes días mantienen sus navíos y sus almacenes navales, siendo su principal puerto para cruzar a África. En esta isla, que ya desde entonces tomó el nombre de Taríf, por su desembarco en ella, el general beréber permaneció un día completo, hasta que todos sus hombres estuvieron con él; entonces avanzó e hizo incursiones en la tierra principal, lo que produjo un rico botín y algunos cautivos, que eran tan hermosos que ni Músa ni sus compañeros habían visto nunca. Eso tuvo lugar en el mes de ramadán del año 91 [3 de julio de 710 – 1 de agosto 710], y cuando fue conocido todos deseaban ir a Andalus.

 

        El número de tropas que acompañaron a Taríf en esta expedición no es satisfactoriamente asegurado. Algunos autores lo hacen aumentar a mil hombres; otros autores le dan solamente la mitad, como dicho anteriormente. Pero debemos observar que todas estas noticias son muy dudosas, ya que hay deficientes historiadores que hacen a Taríf una persona diferente de Abú Zar’ah, como las palabras de uno de ellos parece pretender. “Taríf retornó de su expedición cargado de botín, trayendo un gran número de cautivos; otra incursión fue hecha por un Seikh de los beréberes, cuyo nombre era Abú Zar’ah, quien desembarcó con mil hombres de su nación en la isla de Algeciras, y encontró que sus habitantes habían huido de la isla, él puso fuego a sus casas y campos, y quemando también su iglesia, muy venerada entre ellos. Entonces sometió a la espada a estos habitantes como los iba encontrando, haciendo unos pocos prisioneros, volvió salvo a África”.

 

        Nosotros creemos que la primera noticia es la más creíble, ya que es confirmada por Ar-rází y otros historiadores, que hacen de estos dos capitanes ser uno y la misma persona, y le llaman Abú Zar’ah Taríf Málik Al-mugháferí, que tal era su nombre y su patronímico.

 

        Sigamos. Ilyán fue una segunda vez a Músa Ibn Nosseyr y le informó del feliz resultado de la incursión que hizo en Andalus, así como la de Taríf Abú Zar’ah, y cómo ambas habían sido coronadas por el éxito. Al mismo tiempo le instigó a emprender la conquista más a lo grande del país: le contó los cautivos que ellos les habían traído, y las buenas noticias acerca de la fertilidad y de la riqueza del país. Cuando Músa lo escuchó rezó a Dios por la victoria que había concedido a sus sirvientes, y reforzado en su intención de invadir Andalus; a este efecto llamó a un esclavo liberado suyo, a quien en varias ocasiones le había concedido el mando de sus armas, y cuyo nombre era Tárik Ibn Zeyád Ibn ‘Abdillah, un nativo de Hamadán, en Persia, aunque algunos pretenden que no era un liberto de Músa Ibn Nosseyr, sino un hombre nacido libre de la tribu de Sadf, mientras otros le hace un mauli de Lahm. Es también afirmado que algunos de sus descendientes que vivían en Andalus rechazaban con indignación la suposición de que su antecesor había sido un esclavo liberado de Músa Ibn Nosseyr. Algunos autores, y ellos son en gran número, dice que fue un beréber, pero, como nosotros intentamos formar un artículo separado acerca de Tárik, dejaremos la discusión de este y otros puntos para otro lugar, confinándonos al presente a la relación de los eventos históricos como encontramos registrados por los mejores escritores andalusíes.

 

        A este Tárik, por tanto, ya fuese un escalvo liberado de Músa, o un hombre libre de la tribu de Sadf, el gobernador de África le mandó el importante asunto de conquistar el reino de Andalus, para lo que le dio el mando de un ejército de doce mil hombres, principalmente beréberes y esclavos, muy pocos siendo genuinos árabes. Para acompañar y guiar a Tárik en esta expedición Músa de nuevo envió a Ilyán, quien proveyó de cuatro barcos de los puertos bajo su mando, los únicos lugares sobre la costa donde los barcos podían ser construidos. Cada cosa estando preparada, una división del ejército cruzó el brazo de mar que dividía Andalus de África, y desembarcó con Tárik a los pies de la montaña que después recibió su nombre, sobre un domingo, en el mes de sha’bán del año 92 [24 de mayo de 710 – 21 de junio de 710], equivalente al mes de agosto, y los cuatro barcos fueron enviados de nuevo, y cruzaron y recruzaron hasta que el resto de los hombres de Tárik fueron puestos bajo seguro en la costa.

 

        Otros dicen que Tárik desembarcó el 24 de rejeb del mismo año [17 de mayo de 711]. Otras noticias dicen que el número de hombres embarcados en esta ocasión alcanzó los doce mil, todos menos dieciséis, un número consistente casi enteramente de beréberes, habiendo muy pocos árabes entre ellos; pero el mismo escritor está de acuerdo que Ilyán transportó esta fuerza varias veces a la costa de Andalus en barcos mercantes, (de dónde los reunió, no se sabe) y que Tárik fue el último hombre a bordo. [...]

 

        La narración de Ibnu Hayyán no difiere materialmente de los historiadores que hemos citado. Está de acuerdo en decir que Ilyán, señor de Ceuta, incitó a Músa Ibn Nosseyr a hacer la conquista de Andalus; y que éste lo hizo en venganza, y movido por la enemistad personal y odio que concibió contra Roderico. Eleva el ejército de Tárik a sólo siete mil, la mayoría beréberes, los que, dice, cruzaron en cuatro barcos dados por Ilyán. De acuerdo a esta historia Tárik desembarcó sobre un sábado, del mes de Sha’bán del años 92 [24 de mayo de 711 – 21 de junio de 711], y los barcos que le llevaron a él y a sus hombres a la costa fueron de inmediato enviados a África, y nunca cesó de ir hacia atrás y hacia adelante hasta que el conjunto de su ejército estuvo seguro desembarcado en la costa de Andalus.

 

        Por otra parte Ibnu Khaldún cuenta que el ejército bajo las órdenes de Tárik era de tres mil árabes, y diez mil beréberes. Dice que antes de comenzar la expedición Tárik dividió su ejército en dos cuerpos, él mismo tomó el mando de uno, colocando en el otro bajo las órdenes inmediatas de Taríf an-najaí. Tárik, con sus hombres, desembarcó al pie de la roca ahora llamada Jebalu-l-fatah [el monte de la entrada] y que entonces recibió su nombre, y fue llamada Jebal-Tárik [montaña de Tárik] mientras su compañero Taríf desembarcaba sobre la isla después llamada de él Jezírah-Tarif [isla de Taríf]. En orden a dar seguridad para sus respectivos ejércitos, ambos generales seleccionaron, poco después de sus desembarcos, un buen campamento, que rodearon con muros y trincheras, porque apenas tuvieron noticias del desembarco los ejércitos de los godos comenzaron a marchar contra ellos desde todos los lados.

 

        La precisa fecha de la invasión de Tárik ha sido establecida diferentemente. Algunos historiadores, como Ibnu Khaldún, se contenta con dar el año, el 92 [29 de octubre 710 – 18 de octubre de 711]; otras han fijado el mes y el día en que este memorable evento se supone tuvo lugar. Ibnu-l-khattíb lo coloca en el lunes cinco días antes del fin de rejeb del año 92; [1] Ibnu Hayyán sobre un sábado del mes de sha’bán; [2] otros dicen que sobre el 24 de rejeb [17 de mayo de 711]; Adh-dhobí sobre el 28 del mismo mes [21 de mayo de 711]. Hay historiadores que lo colocan al comienzo del año 93 [19 de octubre de 711 – 6 de octubre de 711]; pero los que lo fijan en el 92 son más numerosos. Sólo Dios conoce la verdad de este caso.

 

        Pero, para continuar con la narración, tan pronto como Tárik puso su pie en Andalus fue atacado por un godo de nombre Tudmir [Teodomiro], a quien Roderico le había mandado defender la frontera. Teodomiro, quien es el mismo general que después dio nombre a una provincia de Andalus, llamada Belád Tudmír [el país de Teodomiro], habiendo tratado, aunque en vano, de parar la impetuosa carrera de los hombres de Tárik, despachó de inmediato un mensaje a su jefe, informándole de cómo Tárik y sus seguidores habían desembarcado en Andalus. También le escribió una carta así concebida: “Este nuestro país ha sido invadido por gentes cuyo nombre, patria, y origen me son desconocidas. No puedo decir de dónde ellos vienen, si ellos cayeron del cielo, o saltaron desde la tierra.”

 

        Cuando estas noticias llegaron a Roderico, quien estaba entonces en el país de los vascos, haciendo la guerra en el territorio de Pamplona, donde serias perturbaciones habían ocurrido, adivinó directamente que el golpe vino de Ilyán. Sensible, sin embargo, de la importancia de este ataque hecho sobre sus dominios, dejó lo que tenía entre manos, y, dirigiéndose hacia el sur con todo su poderoso ejército, llegó a Córdoba, que está situada en el centro de Andalus. Allí tomó su morada en el castillo real, que los árabes llamaron después el castillo de Roderico, que hemos descrito en otra parte de este libro. En este palacio Roderico puso su residencia por unos pocos días, a la espera de la llegada de numerosas tropas que había convocado desde las diferentes provincias del reino.

 

            Ellos dicen que mientras permanecía en Córdoba escribió a los hijos de Witiza para que viniesen y se uniesen contra el común enemigo; porque aunque es verdad, como ya hemos relatado, que Roderico había usurpado el trono de su padres y perseguido a sus hijos, les perdonó sus vidas; —ya que estos dos hijos de Witiza son los mismos que, cuando Tárik atacó las fuerzas del rey Roderico sobre las planícies del Guadalete, cerca del mar, se volvieron y desertaron de sus filas, debido a la promesa hecha por Tárik para restaurarles en el trono de su padre si ellos le ayudaban contra Roderico. Sin embargo, cuando Roderico llegó a Córdoba, los hijos de Witiza fueron afanosamente ocupados en alguna distante provincia reuniendo tropas para marchar contra los invasores, y él les escribió para que vinieran y se le unieran con sus fuerzas, en orden a marchar juntos contra los árabes; y, advirtiéndoles contra la inconveniencia y peligro de feudos privados en ese momento, comprometiéndoles a unirse a él y atacar a los árabes como uno sólo. Los hijos de Witiza estuvieron de acuerdo con la proposición de Roderico, y reuniendo todas sus fuerzas fueron a reunirse con él, y acamparon no lejos de la villa de Shakandah, en el lado opuesto del río, y al sur del palacio de Córdoba. Allí permanecieron durante algún tiempo, no atreviéndose a entrar en la capital o a confiar en Roderico, hasta que al final, habiendo establecido la veracidad de los preparativos, y viendo que el ejército salía de la ciudad y él con ellos, entraron en Córdoba, uniendo sus fuerzas a las suyas, y marcharon con él contra el enemigo, aunque, como veremos, estaban ya planeando la traición que después cometieron. Otros dicen que los hijos de Witiza no obedecieron la citación que les envió el usurpador Roderico; al contrario, que se unieron a Tárik con todas sus fuerzas: pero cuál de estas noticias es la verdadera sólo Dios lo sabe. Sin embargo, parace haber sido establecido que todos los príncipes de los godos vinieron junto a Roderico en esta expedición, aunque es igualmente verdad que desestaron algunos de sus hombres en el campo de batalla. Pero mucha oscuridad prevalece en los escritos de los historiadores que han documentado los eventos de aquellos primitivos tiempos. Aún el nombre del monarca godo en el tiempo de la invasión de Tárik ha sido escrito en diferentes formas, porque nosotros lo encontramos así, Rudheric y Ludheric; aunque el segundo es más comunmente usado. Es también establecido que fue un descendiente de Isabahán (Hispania); pero esto es contrario a las noticias de Ibnu Hayyán y otros, quienes dicen que no era de sangre real.

 

        Cuando Tárik recibio las noticias de la aproximación del ejército de Roderico, del que se dice que había aumentado hasta cerca de cien mil hombres, se dotó de todo tipo de armas y material militar, escribió a Músa para pedir ayuda, diciéndole que había tomado Algeciras, un puerto de Andalus, quedando en su posesión el paso a este país; que había sometido su distrito hasta la bahía; pero que Roderico estaba ahora avanzando contra él con una fuerza que no estaba en su poder resistir, excepto si Dios todopoderoso deseaba que fuera así. Músa, quien ya desde la partida de Tárik para esta expedición se había empleado en construir barcos, y había por este tiempo reunido muchos, envió con ellos refuerzos de cinco mil musulmanes, los que, se añadieron a los siete mil de la primera expedición, con lo que el conjunto de las fuerzas alcanzó los doce mil hombres, impacientes por saquear y ansiosos por la batalla. Ilyán, señor de Ceuta, que había quedado tributario de los musulmanes, había enviado también su ejército y a la gente de sus estados para acompañar esta expedición, y para guiarlos a través de los pasos en el territorio.

 

        Mientras tanto Roderico se estaba acercando a los musulmanes, con todas las fuerzas de los bárbaros, sus señores, sus caballeros y sus obispos; pero los corazones de la mayor parte de la gente del reino estaba contra él y en sus conversaciones privadas expresaban sus sentimientos acerca de Roderico en la siguiente manera: [...] En estos sentimientos estaban todos de acuerdos, y fue decidido que el plan propuesto sería puesto en ejecución; los dos hijos de Witiza, a quienes Roderico había nombrado jefe de las alas derecha e izquierda de su ejército, estando en la cabeza de la conspiración, en la esperanza de ganar el trono de su padre.

 

        Cuando los ejércitos estuvieron cerca uno del otro, los príncipes empezaron a desenredar la telaraña de su traición; y para este propósito fue enviado un mensajero a Tárik, informándole de como Roderico, que había sido un mero criado y sirviente de su pade, había después de su muerte, usurpado el trono; que los príncipes en ningún caso habían abandonado sus derechos, y que imploraban protección y seguridad para ellos. Le ofrecieron desertar, y pasarse a Tárik con las tropas bajo su mando, con la condición de que el general árabe, después de someter el conjunto de Andalus, les aseguraría todas las posesiones de su padre, que eran de tres mil valiosas y elegidas fincas, las mismas que recibieron después el nombre de Safáyá-l-molúk [la porción real]. Tárik aceptó este ofrecimiento; y, estando de acuerdo con las condiciones, al siguiente día los hijos de Witiza desertaron de las filas del ejército godo en la mitad de la batalla, y se pasaron a Tárik, esta siendo sin duda una de las principales causas de la conquista.

 

        Roderico llegó a la rivera del Guadalete [Wádí-Lek] con un formidable ejército, que la mayoría de los historiadores calculan en cien mil caballeros; aunque Ibnu Khaldún los eleva a cuarenta mil hombres solamente. Roderico trajo todos sus tesoros y material militar en carros: él mismo vino en una litera, colocada entre dos mulas, llevando sobre su cabeza un toldo ricamente cuajado de perlas, rubíes y esmeraldas. Ante la aproximación de esta formidable tempestad los mulsumanes no perdieron su valor, sino se prepararon para reunirse con sus adversarios. [...]

       

        Cuando Tárik se hubo así dirigido a sus soldados, y los exhortó a la lucha con valor, y a enfrentar el peligro de la guerra con corazones fuertes [...]

 

        Algunos autores que han descrito extensamente este famoso encuentro afirman que Tárik acampó cerca de Roderico, hacia la mitad del mes de ramadán del año 92 [22 de junio de 711 – 21 de julio de 711], y aunque hay algunas diferencias de las fechas, todos están de acuerdo de que la batalla fue en las riveras del Wádaleke [Guadalete], en el distrito de Shidhúnah. [...]

 

        De acuerdo con Ar-rází, el enfrentamiento comenzó sobre un domingo, dos días antes del fin del ramadán [19 de julio de 711], y continuó todavía el sábado, el quinto de shawál [26 de julio de 711], es decir, ocho días completos, al final de ellos Dios todopoderoso puso a los idólatras en huida y concedió gran victoria a los musulmanes; y añade que fue tan grande el número de los godos que perecieron en la batalla, que por un largo tiepo después de la victoria los huesos de los muertos todavía cubrían los campos de la acción. [...]

 

        Cuando la gente del otro lado del Estrecho escuchó de este éxito de Tárik, y de la cantidad de botín que consiguió, acudieron en masa desde todos los sitios, y cruzaron el mar en cada navío o barca que pudieron encontrar.

 

The history of the Mohammedan dynasties in Spain, extracted from the NAFHU-T-TÍB MIN GHOSNI-L-ANDALUSI-R-RATITÍB WA TÁRÍKH LISÁNU-D-DIN IBNI-L-KHATTIB, by Ahmed Ibn Mohammed Al-Makkarí, ilustred with critical notes on the history, geography and antiquities of Spain by Pascual de Gayangos, 1840, vol. I, pp. 259-271. (Traducción de la anterior cita del inglés al español por Wenceslao Segura).

 

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[1] Haciendo la cuenta de forma inclusiva la fecha debe corresponder al 19 de mayo de 711, que fue miércoles y no lunes. Pero volvemos a recordar que obtenemos la correspondencia del calendario juliano a partir del calendario aritmético musulmán, que no se ajusta estrictamente al calendario real islámico.

[2] O sea el 24 o 31 de mayo o el 7, 14 o 21 de junio de 711.